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En otras entradas de nuestro blog, hemos enumerado mil y una formas de dominar el inglés: desde escribiendo cartas a nuestros Pen friends , hasta entrar en un entorno multicultural pasando por leer cómics en inglés. Pero hoy nos toca barrer para casa, y profundizar en la opción para aprender idiomas que mejor conocemos y que, año tras año, demuestra ser el motor del éxito de todos nuestros alumnos y alumnas: matricularse en una academia.
Si quieres saber todos los beneficios que te puede aportar una academia de idiomas con respecto a aprender por cuenta propia, sigue leyendo, que vamos a demostrarte que nada sustituye la experiencia de ir a clase, trabajar con tus compañeros, y aprender bajo la experiencia de un profesor.
Por supuesto, no vamos a desperdiciar la oportunidad de gritar a los cuatro vientos que nuestra academia es la mejor de todas, y que la que tienes que elegir es la nuestra. Pero entendemos que podrías estar leyendo este blog desde la otra punta del planeta, y cruzar el océano dos veces por semana para venir a clase te puede resultar un pelín complicado. Así que vamos a hacer una concesión, y ofrecerte tres reglas de oro que tienes que seguir para poder elegir tu academia perfecta:
– Las preferencias personales: El horario y el precio van a ser los principales factores limitantes a la hora de elegir escuela de idiomas, no nos vamos a engañar. Además, y aunque durante el resto de esta entrada vamos a animarte a unirte a una clase grupal, ciertas circunstancias pueden obligarte a buscar clases particulares, y eso limitaría tu búsqueda de academia a aquellas que ofrezcan esta prestación. Un alumno nuestro, por ejemplo, necesitaba un intensivo en el que le enseñáramos, específicamente, vocabulario de aeropuerto, ¡porque se iba a trabajar a uno en Ibiza en un mes! No teníamos un grupo formado con esas especificaciones, por supuesto, pero pudimos ofrecerle unas clases particulares adaptadas a lo que necesitaba.
– Profesores entrenados: Que no te engañen, no basta con que alguien hable bien el idioma, además tienen que saber enseñarlo. Busca academias que tengan profesores que, simultáneamente, sean expertos en el idioma y en la enseñanza, para que así sean capaces de meterte conocimiento de calidad en la cabeza, ¡sin que te duela!
– Programas estructurados: La improvisación está muy bien para el jazz. Para tu educación, no tanto. Una buena academia será capaz de decirte qué se va a dar a lo largo del curso desde antes de que empiece la primera clase siquiera. Un programa sólido te aportará calidad, dirección, y seguridad: sabrás exactamente dónde empiezas en septiembre, y dónde vas a terminar en junio.
Dicho todo esto, si consigues dar con la tecla y encontrar la escuela de idiomas correcta, quiere decir que vas a ser el afortunado beneficiario de todas las ventajas que conlleva matricularte en una academia:
En nuestra entrada anterior ya estuvimos charlando largo y tendido sobre lo crucial que es acreditar tu nivel, y cómo los exámenes son un pilar imprescindible para tu aprendizaje. Pues bien, las academias son el lugar ideal para conquistar estos títulos. Somos expertos en estudiarnos el formato, desmenuzar los criterios de evaluación, y desvelarte todos los trucos y estrategias necesarias para que vayas al examen con cero dudas en ti mismo.
Y si todavía no te hemos convencido para que le pierdas el miedo a los exámenes, aquí tienes un truco fantástico para utilizarlos como la herramienta de diagnóstico que son: cuando hagas un examen en tu academia, no busques sacar un 100%, ve a por el 85%. Si sacas menos, quiere decir que te toca repasar un poco más. Pero si tu nota siempre se queda sobre el 90%, ¡eso también es motivo de alarma! Significaría que no estás en la clase correcta. Si el examen te resulta demasiado fácil, quiere decir que no estás aprendiendo todo lo que tu cerebro es capaz de absorber, así que te toca subir de nivel. En una academia, te vamos a ayudar a que estés en la clase perfecta para un aprendizaje óptimo.
Aprender un idioma de forma autodidacta es un poco como intentar cruzar un bosque de noche sin linterna. Puedes avanzar, sí, pero es difícil saber hacia dónde vas, o cuánto has avanzado. En una academia, por el contrario, es mucho más fácil monitorizar tu evolución real: al ver cómo vas superando niveles año tras año, al recuperar ejercicios del trimestre pasado y maravillarte de lo fácil que te resultan ahora, o incluso comprobando el temario de la semana pasada que ya dominas. Esta inyección de motivación es más difícil de conseguir cuando estudias por tu cuenta el temario cambiante y difuso que puedas encontrar aprendiendo el idioma por otras vías.
Por otro lado, en una academia cuentas con un camino didáctico diseñado específicamente para optimizar tu progreso. Aprender inglés únicamente por exposición, por ejemplo viendo series en versión original, te va a bombardear con todas las estructuras gramaticales a la vez: y si tu cerebro colapsa, no vas a dominar ninguna de ellas. En una escuela de idiomas, por el contrario, seguimos cierto orden: nos aseguramos de dar primero el verbo have en presente, antes de dar el salto al pasado perfecto, para el cual necesitas usar have como auxiliar. Nosotros vamos escalón por escalón, reduciendo al mínimo la fricción, la frustración, y las dudas innecesarias.
Seamos sinceros: pegarse un atracón de doce horas seguidas un domingo al mes no sirve para absolutamente nada, aparte de para acabar con dolor de cabeza y cogerle asco al idioma. Está demostrado que el cerebro humano no asimila la información de esta manera, así que estarías desperdiciando las horas de más que gastas de esta forma. En cambio, si te apuntas a una academia y le dedicas tres horas semanales bien distribuidas, estarías invirtiendo el mismo tiempo en total, pero notarás un progreso exponencialmente mayor en proporción al tiempo dedicado.
Además, en una escuela de idiomas te va a ser mucho más fácil conseguir esa disciplina que a todos nos falta de vez en cuando. No es tan fácil saltarse una clase porque te dé pereza, y menos si, como pasa en nuestra academia, nos ponemos en contacto con todos los alumnos que han faltado, y les mandamos todo lo que se ha dado ese día para que no pierdan el hilo.
Por otro lado, y aunque tu teacher (profesor) siempre va a apoyarte si quieres hacer trabajo extra por tu cuenta, a veces su labor es frenarte un poco. Avanzar demasiado rápido puede causar que leas muchas cosas, pero no llegues a interiorizar ninguna. Y es que tu mente necesita tiempo para digerir, para asentar aprendizajes, antes de pasar al siguiente plato de conocimientos nuevos.
Formar parte de una entidad educativa establecida es como tener un pase VIP para experiencias que no podrías encontrar estudiando de manera aislada. Nuestra academia, por ejemplo, trabaja con empresas que ofrecen campamentos de verano de inmersión con ofertas exclusivas para nuestros alumnos y alumnas. También coordinamos proyectos innovadores educativos con la universidad Loyola, intercambios de cartas con nuestros Pen friends (amigos por correspondencia), y sorteos de viajes para visitar países extranjeros.
Hay ciertas experiencias que solo puedes vivir si entras en una escuela de idiomas, y eso incluye actividades más cotidianas dentro del aula. A modo de ejemplo, en clase vas a poder recrear situaciones de la vida real con role-plays (juegos de rol) dinámicos, como simular que estás hablando con un vendedor en el extranjero. ¡Difícilmente vas a poder practicar esto frente al espejo, sin compañeros de clase y sin un teacher que dirija la escena!
Sea para detectar una sutil falta de ortografía que se repite en tus redacciones, o para corregir un fallo de pronunciación que haría que los nativos no te entendiesen, nadie como un profesor cualificado va a saber darte el toque de atención justo, en el momento exacto. Lo mejor de todo es que, en una academia, estas correcciones no se sienten como una interrupción del aprendizaje, o un castigo: son una parte natural, crucial, y estructural de la propia lección.
Además, los docentes profesionales están entrenados para detectar lo que en pedagogía se conoce como la “Zona del Desarrollo Próximo”. Esto es, básicamente, el rango perfecto de las competencias que estás a punto de dominar con un pequeño empujón: está más allá de lo que ya controlas perfectamente, y es más cercano que aquello que aún te quedan años por dominar. Y esta es la zona en la que vas a navegar, con ayuda de un profesor cualificado.
Por último, tu profesor te conoce más de lo que te imaginarías, y sabe adaptar la clase a tus necesidades e intereses. Si, por ejemplo, tu objetivo real para aprender el idioma es ligar durante tus vacaciones en el extranjero, tu profe puede hacer especial énfasis en enseñarte las mejores pick-up lines (frases de ligoteo) para que triunfes en los bares, y aprendas inglés de paso.
Que no te extrañe que, de una clase de idiomas, surja una amistad de las que trascienden las paredes de la escuela y duran años. La complicidad es inmediata, y es muy común acabar quedando fuera del aula para tomar un café (y, si os sobra la motivación, seguir practicando el idioma de forma más distendida).
Y es que, si lo piensas, tiene mucho sentido: las clases de idiomas hoy en día están diseñadas para que tengas la oportunidad de hablar de ti mismo, y escuchar a los demás compartir su vida a un nivel muy personal. Casi sin darte cuenta, acabarás hablando de tus aficiones cuando toque la unidad de los hobbies, confesarás tus sueños y aspiraciones cuando estéis practicando el tiempo en futuro, o aprenderás las situaciones familiares de tus compañeros cuando toque aprender a diferenciar entre sister (hermana) y step-sister (hermanastra).
¡Este tipo de conexión humana no se puede replicar con un libro de texto autodidacta!
Cuando participas activamente en una clase grupal, te expones a un abanico increíble de puntos de vista diferentes, formas de procesar la información distintas, ideologías y sensibilidades culturales diversas. ¡Y esto es una verdadera bendición!
Si tú mismo te preparas el material de estudio, vas a tener la comodidad de poder diseñar un entorno de aprendizaje hecho a tu medida, donde nadie te contradice y todo se adapte a tus manías. Pero si lo que buscas es crecimiento real, y expandir tus horizontes intelectuales, tienes que aprender a ser capaz de prosperar en un entorno que no sea idílico. El aula se convierte, entonces, en una mini réplica del mundo social en el que pueden florecer tus habilidades comunicativas.
Una buena escuela de idiomas trasciende las paredes del aula. Como un faro que te guía cuando estás en el alta mar de la vida real. Sí, puedes entrar en una biblioteca y sacar una novela en inglés, ¿pero cuál de entre todas las disponibles?
Aquí es donde entra en juego tu teacher, que conoce tus gustos y tus debilidades con el idioma al dedillo, así que puede decirte exactamente qué libros son los adecuados para ti.
Y si las novelas no son lo tuyo, pregúntale a tu profesor qué te recomienda para ampliar lo que se está dando en clase. ¿Deberías aficionarte a algún podcast para pulir tu listening (escucha), o mejor practicar tu writing (escritura) empezando un diario? ¿Qué ejercicios de repaso del tema deberías completar? Tu profe estará encantado de que tomes la iniciativa para progresar aún más en el idioma, y tú te ahorras tiempo, dinero, y dolores de cabeza. Win win, todos salimos ganando.
Le hemos preguntado a una alumna que cuál es el mayor beneficio de haberse matriculado en nuestra academia de inglés. ¿Su respuesta? “Pues que aprendes inglés”.
Y oye, no le falta ni una pizca de razón, por simple que suene. Una academia de idiomas te va a garantizar un progreso, un aprendizaje real, un respaldo institucional, y un control de calidad que, simplemente, otros métodos más improvisados y difusos no pueden.
No dejes que la procrastinación gane la batalla un año más. Justo ahora las academias estamos abriendo nuestros plazos de matriculación para el próximo curso escolar, así que es el momento perfecto para dar el último paso que te falta para iniciar el camino hacia ser políglota.
Matricúlate en una escuela de idiomas (¡idealmente, la nuestra!), comprométete en serio con tu futuro y contigo mismo. Te estamos esperando con los brazos abiertos, y la pizarra lista.
¡A por todas!
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