El arte del Small Talk: No te quedes en el “hola”

Una joven saludando a un joven con el que se cruza en la calle.

Nadie sabe sabiendo socializar. A veces creemos que tener habilidades sociales es una cuestión de haber sido bendecido con un don divino, pero en realidad es más bien un músculo. Y, si no vas al gimnasio de la conversación, este músculo se atrofia.

Por desgracia, para muchas personas introvertidas, el small talk es un riesgo que corres al salir de casa, y van con el miedo de que algún desconocido les quiera hablar como quien tiene miedo de que le caiga un meteorito. ¡Error! No seas la víctima de tu timidez, toma las riendas y conviértete en el héroe de tu propia historia.

Ya sea en un vuelo de 10 horas, la sala de espera del médico, o esa fiesta en la que solo conoces al anfitrión y a pocos más, dominar esta técnica puede salvarte la vida… O, al menos, un rato de aburrimiento.

Si no tienes confianza en tus habilidades de cháchara, aquí tienes una guía para convertirte en todo un experto.

1. Qué es exactamente el small talk

Un ascensor con cuatro personas vestidas formalmente.

La traducción literal del inglés de small talk es “pequeña charla”, y se refiere a conversaciones superficiales. Las charlas de ascensor, como también se las conoce, son la llave de la puerta hacia conexiones más profundas.

Es más que hablar por hablar, es una técnica para conocer a nuevas personas. En términos generales, es como un radar. Sirve para tantear el terreno, y ver si estás en sintonía con la otra persona. Si sale muy bien, si ambos hacéis clic, este puede ser el inicio de una bonita amistad. Si no, por lo menos es un rato agradable.

Puedes tener small talk con conocidos con los que no tienes mucha confianza (¡todavía!) o, si quieres el nivel experto, enfrentarte a un desconocido total. Por otro lado, si tienes una amistad a la que hace tiempo que no ves, puede ser también una nueva toma de contacto para ir poco a poco poniéndoos al día. Es, en definitiva, una forma de conectar con las personas.

2. Lo que NO es el small talk

Dos jóvenes en tensa conversación.

Tan importante es saber qué hay que hacer, como lo que NO hay que hacer.

Recuerda, el small talk no es un examen. No estás evaluando si la otra persona es digna de tu tiempo. Y, al mismo tiempo, la otra persona no está poniéndote una puntuación en su cabeza sobre lo encantador que eres.

En definitiva, ¡no te lo tomes tan en serio!

3. Las tres cualidades de oro

Dos jóvenes en un banco conversan mientras se toman un café.

Si quieres que tu pequeña charla siga adelante, necesitas de estos tres ingredientes principales:

– Sé honesto. La verdad conecta mucho más que las mentiras. De nada sirve que habléis maravillas de un libro si lo único que sabes de él es el título: en su lugar, pregunta a la otra persona por qué le gusta tanto.

– Muestra energía y optimismo. Quejarse de la lluvia te dará, como mucho, dos minutos de conversación. Después de eso el ambiente se vuelve pesado, y la queja espanta. El optimismo es, por el contrario, un imán que atrae a la gente, y nuevos temas de conversación.

Sé curioso y empático: La otra persona debe poder (y querer) hablar tanto como tú. La gente es experta en detectar cuándo alguien no tiene verdadero interés en ella, así que busca algo que genuinamente te despierte la curiosidad sobre ellos, o sobre lo que te estén contando.

4. El poder del lenguaje corporal

Dos personas sentadas en sillas, a las que no se les ve la cara, conversan a juzgar por los movimientos de sus manos.

Buena parte de hacer o no migas con alguien depende no solo de lo que dices, también de cómo lo dices. La voz, la postura, las expresiones faciales… Tu cuerpo habla tanto como tu boca.

Por un lado, haz contacto visual y sonríe. Ponte derecho, pero relajado, con las manos abiertas a los lados. Además, al hablar, articula claramente, y usa un volumen con el que no tengan que esforzarse para escucharte. Y para demostrar que estás escuchando, usa gestos como asentir con la cabeza, o pequeños sonidos (un “ajá” por aquí, un “uh-huh” por allá…).

¿Quieres un truco mágico? Si puedes, usa el nombre de la otra persona en la conversación (“Pues tienes razón, María”. Harás que la otra persona se sienta especial, y además, si lo dices en voz alta, ¡es menos probable que se te olvide a los cinco minutos!

5. Re-configura tu mente para el éxito

Una joven en pose de meditación con luces flotantes iluminándola.

El trabajo de una persona sociable empieza antes de decir una palabra: en la mente.

Asume que caes bien. Hasta que no se demuestre lo contrario, a todo el mundo le gustas. Eres una persona agradable e interesante, ¡los demás solo tienen que descubrirlo!

Cero dramas. Sé respetuoso. Aunque descubras que a la otra persona le encanta la pizza con piña, no hace falta iniciar una guerra: no todas las personas que pasan por tu vida tienen que ser tus almas gemelas.

Apaga el filtro. Si te paras a analizar cada palabra que dices, si te obsesionas con parecer “inteligente”, no te quedará energía para hablar. Acércate sin pensártelo demasiado, descéntrate de ti mismo, y vuelve tu atención hacia la otra persona.

Ante todo, ¡respira! Y no te preocupes si al principio te resulta demasiado complejo: cuanto más lo practiques, más automático será.

6. Cuándo acercarse (y cuándo huir)

Dos personas sentadas en el metro mirando el móvil, y en segundo plano una persona de pie mirando la puerta.

Tantear el terreno puede ser fundamental. Fíjate en el lenguaje corporal de la otra persona.

¿Está abierto y mirando a su alrededor? ¡Adelante!

¿Está cruzado de brazos, mirando el móvil, o escuchando música con cascos? Aborta misión.

Y, por su puesto, ten una buena dosis de sentido común: no vayas a interrumpir a alguien que está claramente ocupado, o metido de lleno en otra conversación.

7. Temas para romper el hielo

Un grupo de jóvenes charlando cerca de una gran ventana.

El primer paso es el más difícil. Aquí te planteamos munición de sobra para que no te quedes sin pistoletazo de salida.

Habla sobre el entorno: “Qué bien huele a café por aquí”, “Qué decoración tan original tiene este sitio”.

Haz un cumplido: “Me encantan tus zapatillas”. Ojo no lances piropos de mal gusto. Para evitarlo, suele ser más seguro comentar aspectos que hayan sido decisión de la persona, como su peinado.

Haz una pregunta: “¿Sabes si la reunión en es esta sala?”, o “¿Qué opinas del catering de hoy?”.

Comenta eventos actuales: “¿Viste el partido de ayer?”, “¿Sabes que este mes va a haber una lluvia de estrellas?”

Usa lo que sepas de la otra persona: “¿Quién te ha invitado a esta fiesta?”, o “Has vuelto de vacaciones, ¿verdad? ¿Qué tal te fue?”

– Si todo lo demás falla, mencionar el tiempo que hace, o el día de la semana que es hoy, son salvavidas que pueden ayudarte a comenzar una conversación.

Huye de temas controvertidos, como la política o la religión. Suelen dejar mal sabor de boca, y matar pronto cualquier charla.

8. Cómo mantener viva la conversación

Dos jóvenes en un banco conversan.

No hay nada peor que empezar una conversación, y que muera en un silencio de grillos.

Lo ideal es que el tiempo de conversación esté mayormente equilibrado, así que si necesitas pensar en algo para responder, o si la otra persona no arranca, usa estas técnicas para que la small talk no decaiga.

Profundiza. La pregunta “¿Cual ha sido tu ___ favorito?” es un clásico. También puedes pedir detalles de algo que se haya mencionado: “Me dijiste que viviste en ese barrio, ¿qué tal es la zona?”.

Movimiento lateral: Salta de un tema a otro, aunque esté solo tangencialmente relacionado: “Con esta lluvia dan ganas de sofá, manta y peli. ¿Tienes una peli favorita?”.

La baza de lo emocional: Te ayudará a ir más allá de los hechos. “¿Y por qué tomaste esa decisión?” “Eso debió ser frustrante, ¿no?”.

Las anécdotas: Ten a mano siempre anécdotas cortas y divertidas en la recámara. Aunque vengan poco a cuento, suelen ser bien recibidas.

Tira a lo absurdo: Si te quedas sin temas, ¡improvisa! “Me pregunto de cuántos pisos se puede hacer un sándwich”. Los ejercicios mentales tipo “¿qué pasaría si…?” son también divertidísimos.

Haz de espejo: Si repites sus últimas palabras con tono de pregunta, puedes darle más cuerda a su respuesta: “Ayer me dormí a las dos de la mañana.” “¿A las dos de la mañana?” “Sí, es que me puse a pensar en…”. ¡Parece magia!

Además, existe un punto exacto en el que hacer preguntas para que la interacción siga rodando. Evita las preguntas de sí/no (“¿Te ha ido bien el día?”), así como las preguntas demasiado abiertas (“¿Qué tal?”). Las que más juego dan son las son abiertas, pero concretas: “¿Qué es lo más interesante que has hecho hoy?”).

9. Terminar una conversación: una retirada elegante

Una joven por un camino de campo se despide de nosotros.

Si la cosa no fluye, o si la otra persona no muestra interés, sé cordial y corta educadamente: “Bueno, un placer hablar contigo, ¡nos vemos”.

Y si la conversación está marchando genial, pero de verdad tienes que irte, discúlpate con naturalidad. “Perdona que te corte, pero acaba de llegar mi autobús. ¡Hasta otra!”.

Haya sido una small talk corta, o larga, aquí impera más la calidad que la cantidad.

10. Small talk en el extranjero: Ahora, en inglés

Una joven sujetando la bandera de Reino Unido, y algunos libros.

Los angloparlantes son los reyes de las charlas de este tipo, y para ellas tienen una regla de oro llamada FORD. Son las siglas de los temas en los que puedes indagar sin meter (demasiado) la pata:

Family (familia).

Occupation (trabajo, estudios).

Recreation (tiempo libre, hobbies).

Dreams (metas, viajes, sueños…).

Además, apúntate estas coletillas para sonar como un auténtico nativo: Si quieres confirmar que estás escuchando, di interesting (interesante), sounds cool (suena guay), o yes, continue (sí, continúa).

Si quieres más detalles, o como dicen en inglés, spill the tea, puedes decir And how did that make you feel (¿y cómo te hizo sentir?), o ¿and then what happened? (¿y entonces qué pasó?).

Conclusión

Dos jóvenes conversando mientras caminan por la oficina.

Si, incluso después de leer esta guía definitiva para el small talk, aún dudas al acercarte a alguien, te recomendamos que te imagines que la otra persona tiene más vergüenza que tú. ¡Muchas veces es el caso!

Dar ese primer paso y hacer sentirse cómodos a los demás no solo les ayuda a ellos, te permite a ti afinar tus habilidades sociales y, quien sabe, quizás de una charla superficial sobre el tráfico salga tu próximo mejor amigo.

Y, si lo que necesitas es un espacio seguro para practicar y soltarte en las charlas en inglés, ¡vente a nuestra academia! Estaremos encantados de poner en práctica el arte del small talk, para que nos salga cada vez mejor.