¿Tus libros solo sirven para coger polvo en la estantería? 10 razones para retomar el hábito lector

Una joven se muestra alegre frente a un libro abierto, con una estantería de libros como fondo.

Hoy celebramos el Día del Libro: ofertas únicas por este día especial, olor a papel nuevo para aquellas ciudades afortunadas que tengan montado un mercadillo para celebrarlo… y si eres más de festejar Sant Jordi, rosas que regalar a tu amor junto a ese libro que llevaba tiempo pidiendo.

Si aprovechaste para comprarte un par de joyas enletradas, vas por el buen camino. Pero seamos sinceros, ¿cuántos tenemos ya un libro en nuestra mesita de noche, que nos mira con tristeza cada día más que pasa allí abandonado? Ese libro que, posiblemente, ya se ha resignado a vivir el resto de sus días como decoración, o incluso como posa vasos.

Cambiemos el final de este cuento. Si estás buscando una señal divina para dejar de hacer scroll infinito en Instagram, para volver a tu libro pendiente de forma más constante, aquí te la traemos. Hemos preparado una lista de 10 motivos de peso para que vuelvas a enamorarte de las palabras y aprendas más, mejor, y más profundo.

Así que prepárate tu té favorito, ponte cómodo, y comienza la primera lectura de muchas con esta entrada en la que vas a comprender por qué deberías leer más.

1. El placer de ir a tu propio ritmo

Una joven lee un libro sentada junto a una ventana.

Vivimos en la era de las prisas. Vídeos de 15 segundos, fotos en las que te paras apenas un momento, audios de Whatsapp porque escribirlo no es lo bastante rápido, … ¡Basta! Necesitas un descanso.

Un libro es uno de los últimos oasis de paz disponibles en los que tú tienes el control absoluto de su velocidad. No hay una reproducción impuesta. Y si una frase te ha tocado especialmente la fibra sensible puedes detenerte, digerirla, y pensar cómo se aplica a tu vida diaria, antes de continuar con la lectura. Esta autonomía te permite formar una opinión propia antes de que el personaje de turno te diga qué piensa él al respecto, o que la siguiente escena te marque cómo debes sentirte.

También puedes fácilmente releer un párrafo tres veces hasta que lo entiendas, o recrearte en la descripción de un paisaje si quieres quedarte en él un rato más. Esa libertad de “masticar” la información es lo que realmente permite retener la información, y convertirla en aprendizaje.

2. La lectura es el mejor gimnasio para tu cerebro

Cuatro niños comparten un libro.

No es la exageración de un bibliotecario enamorado de los libros, es ciencia. En los colegios de todo el mundo se están levantando señales de alarma sobre una posible crisis cognitiva en las generaciones más jóvenes. Los peques (y no tan peques) están perdiendo facultades básicas: de análisis, de comprensión, de memoria de trabajo, e incluso tienen cierto analfabetismo funcional. ¿El culpable? Aún no está claro, pero el bombardeo constante de estímulos digitales tiene muchas papeletas. De modo que los sistemas educativos más avanzados al norte de Europa están dando marcha atrás en sus iniciativas 100% tecnológicas, y están volviendo al papel.

En nuestra academia no te vamos a decir que las pantallas son el demonio (al fin y al cabo, lo más probable es que nos estés leyendo desde una). Pero sí parece haber una relación entre el desarrollo cognitivo, y el priorizar bien textos cortos e interactivos que son los reyes en los medios digitales, o bien los textos más largos y estáticos que te sueles encontrar en el papel.

Si sientes que no eres capaz de leer un capítulo entero sin mirar el móvil no es que seas vago, es posible sea que tu cerebro, que necesita rehabilitación.

3. Entrena tu atención, y tu fuerza de voluntad

Una joven lee mientras come.

La atención, como tantas otras cosas en nosotros, es un músculo que se puede entrenar. Y, si no se usa, se atrofia. En un mundo de gratificación inmediata, sentarse a leer 40 páginas seguidas requiere de una disciplina que hoy en día es casi un acto de rebeldía. Si consigues mantener tus sesiones de lectura regularmente, vas a ver resultados maravillosos en tu capacidad de concentración para el resto de las facetas de tu vida: para estudiar, para trabajar, o para escuchar cómo le ha ido el día a alguien.

Y esto tiene una explicación médica. A nivel químico, las redes sociales funcionan con chutes de dopamina, rápidos y cortos. Como consumir azúcar a cucharadas. La lectura, por el contrario, genera más bien serotonina, que se relaciona con el bienestar a largo plazo, y la satisfacción profunda, como un bocadillo de pan integral. ¿Y cuál dirías que es más sano?

Terminar un libro, especialmente uno que sea largo y complejo, te va a dar un sentimiento de logro que ningún scroll infinito puede igualar. No te niegues el placer de los proyectos a largo plazo, es la mejor forma para alcanzar metas antes inimaginables.

4. La inmersión más profunda que se pueda pedir

Una joven lee mientras monta a caballo en el campo.

Por muy fans que seamos en la academia de una buena peli, o de echarnos unas partidas en la consola, ninguna de ellas puede replicar de forma tan profunda algo en lo que los libros ganan de goleada: la introspección.

Los videojuegos suelen centrarse en la acción, y en lo que sucede fuera del personaje. Las películas, por el tiempo tan reducido del que disponen, tampoco pueden detenerse diez minutos en describir cómo el olor a café le recuerda al protagonista un trauma de su infancia. Por este mismo motivo, en casi ningún otro medio se va a detener la historia porque los personajes tengan que parar el viaje a caballo para merendar. Y, sin embargo, estas “minucias” y pequeños detalles son lo que hacen tan fabulosos a muchos libros, como “El señor de los anillos”.

Una novela te permite hackear la mente del personaje, te ofrece una experiencia de la realidad mucho más potente y detallada, todo dentro de tu propia cabeza. Al leer no solo ves lo que pasa, puedes vivir los dilemas morales, los pensamientos más rebuscados, las sensaciones más complejas, de los personajes. Es tan realista que, a veces, acabas conociendo mejor a un personaje de ficción literaria que a tu propio vecino.

5. El acceso directo a los temas más nicho, y a las mentes más brillantes

Dos jóvenes estudian con un libro abierto y un portátil.

Para aprender sobre la cría de abejas en el siglo XVIII, sobre física cuántica, o las técnicas más rocambolescas de nutrición, es poco probable que encuentres un documental de Netflix al respecto. Pero te aseguramos que vas a encontrar, al menos, diez libros o artículos científicos que traten el tema con seriedad.

Si lo piensas un poco, tiene sentido: Imagina que eres el mayor experto en una temática. Es poco probable que, además, sepas hacer una película que comparta tu experiencia, o que tus redes sociales se hagan virales y alcancen a los interesados en el tema. Pero escribir siempre va a estar a tu alcance. Por eso mismo, leer sigue siendo el formato preferido para quienes quieren profundizar de verdad. Es el medio donde el conocimiento se destila con más cuidado y exactitud.

Así que, si quieres una tutoría privada con las mentes más brillantes de la historia y de la actualidad, o aprender algo tan concreto que solo sepan un puñado de personas en el mundo, la lectura es la clave que necesitas.

6. El mejor aliado del sueño y el desestresante definitivo

Una joven, aún con las gafas puestas, duerme abrazada a un libro abierto.

Seguro que has oído eso de que las pantallas que emiten luz azul inhiben la melatonina, o lo que es lo mismo, te deja los ojos como platos y te impide conciliar el sueño a las 2 de la madrugada. Leer un libro físico (o un e-reader) es la solución perfecta a este problema. Además, hay multitud de estudios que relacionan un rato de lectura antes de irse a la cama, con un sueño de más calidad.

Y la cosa va más allá. Alejarte de las notificaciones del grupo de Whatsapp de la familia, de los correos de trabajo, y de la lista de tareas pendientes que tienes para mañana, es vital para tu salud mental. Nuestro cerebro necesita un espacio de monotarea y huir, aunque sea por un rato, de la multitarea caótica de nuestro día a día. Al leer, tranquilizas a tu cerebro diciendo “ahora no estamos disponibles para el mundo exterior: solo para este libro”. Este descanso psicológico permite que tu sistema nervioso se regule, y descanses de verdad.

7. Tu imaginación, la mejor directora de arte

Una joven en un vestido blanco, tumbada en la naturaleza, lee un libro.

¿Te ha pasado alguna vez que te leíste el libro antes de verte la peli, y piensas “ese actor no se parece en nada a como describen en el libro al protagonista”? ¿Y al revés, cuando ves la película y luego te lees el libro, y aunque te describan a un personaje de otra manera, en tu cabeza ya solo ves al actor de la peli?

Cuando leemos, nosotros hacemos el casting mental, diseñamos el vestuario ficticio, ponemos la música de fondo… Es un proceso creativo activo, y muy gratificante. Además, ¡no hay límites en el presupuesto para efectos especiales!

Además de para poder imaginarte al interés romántico como más guapo te parezca, visualizar lo que ocurre convierte la lectura en un proceso de co-creación con el autor. Especialmente si eres de los que piensa que las descripciones son más bien “sugerencias”. ¿No estás de acuerdo con el color con el que describen el vestido de la princesa? Ningún problema, tienes el súper poder de cambiarlo a voluntad con solo imaginar uno mejor.

La historia, por supuesto, no la vas a poder cambiar, pero resulta que esto también tiene sus beneficios.

8. Combate la fatiga de tomar decisiones

Una joven tiene la cara enterrada en un libro, con postura frustrada.

Seguro que esta situación te suena: llegas a casa con el agotamiento de todo el día, y cuando te preguntan “¿Qué cenamos?”, sientes que lo único que quieres es no tener que pensar más. Eso se llama fatiga de decisiones.

Durante el día tomamos miles de pequeñas decisiones, que agotan a nuestro cerebro. Y lo curioso es que muchas formas de ocio moderno no nos permiten descansar de esta fatiga. Por el contrario, te acribillan a mini preguntas como “¿Qué camino tomo en este videojuego?”, o “¿Le doy a like a este post, o paso al siguiente?”.

Se ha descubierto que leer es un alivio en este sentido. En un libro no decides qué va a pasar a continuación, simplemente disfrutas del viaje. Te pones en manos del autor en lo que a historia respecta, y permites que tome las riendas un rato. Pura medicina para mentes sobrecargadas de responsabilidades.

9. Mejora tu lenguaje (en todos los sentidos)

Unas manos adultas siguen las letras de un libro.

Aquí nos toca ponernos el sombrero de profes de idiomas. En el cine y las series, el lenguaje suele simplificarse para que sea más fluido y directo. En un libro, por el contrario, el autor se puede permitir el lujo de usar la palabra precisa, estructuras gramaticales complejas, y conceptos matizados. Leer te permite enriquecer el huerto de tu lenguaje con nutrientes de primera calidad.

Además de encontrarte con vocabulario más específico (porque un libro confía en que puedes levantarte a por un diccionario si te hace falta), y de empaparte de arcos narrativos y frases avanzadas, la lectura es especialmente útil para mejorar la ortografía. Ver las palabras escritas una y otra vez te ayudará a que tu cerebro registre la forma correcta de las palabras, por ejemplo, si sueles dudar sobre si una palabra se escribe con b o con v.

Esto es especialmente importante si estás estudiando inglés, donde la pronunciación y la escritura se llevan regular. Si lees mucho, dejarás de dudar entre palabras como there, their y they’re, (allí, su, y son), porque tu ojo se acostumbrará tanto a la forma correcta que la falta de ortografía le chirriará como una nota desafinada.

10. La lectura para aprender nuevos idiomas

Una colección de libros de idiomas apoyan unos cascos.

Seguro que este beneficio ya te lo veías venir desde el principio de la entrada: Leer en la lengua que estás aprendiendo es un catalizador que acelera el proceso. En nuestro blog ya te hemos recomendado leer en inglés como estrategia de microaprendizaje, por ejemplo. Y si te gradúas de las lecturas cortas, a un libro grueso, puedes cruzar la frontera hacia la fluidez.

¿Tienes miedo de no tener el nivel? no te amedrentes: empieza por libros infantiles, o juveniles. Los pequeños aprenden así el idioma, justo como tienes que hacer tú.

En definitiva, leer en inglés te ayudará con la ortografía como ya hemos visto, te enseñará a colocar las preposiciones correctas, y ver la gramática en acción en lugar de en interminables tablas de ejercicios.

Conclusión: ¡Sumérgete en la lectura!

Un joven lee mientras bebe café.

Leer más solo por obligación no suena tan atractivo, pero hay motivos para retomar la lectura por placer, por salud, y por curiosidad. Con la lectura aprenderás mejor, viajarás sin moverte del sofá, y te puede ayudar a convertirte en la versión de ti mismo que buscas construir.

Y recuerda, si no sabes por dónde empezar, o necesitas una recomendación que se adapte a tu nivel actual de inglés (o del idioma que estés estudiando), en nuestra academia nos encantará ponernos a hablar de libros. Desde recepción, más concretamente, recomendamos la saga de Percy Jackson en inglés para un nivel medio que busque convertirse en alto.

Así que, si te hemos convencido, ¿qué libro vas a rescatar hoy del olvido?