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Las luces de Navidad ya se están apagando, se quedan atrás las comilonas y reencuentros, y nosotros desde la academia, como todos nuestros alumnos, volvemos a la rutina. Las fiestas se han ido tan rápido como llegaron, pero no todo se queda en melancolía post-navideña.
Puede que se nos hayan acabado las vacaciones, pero tenemos un año completamente nuevo a estrenar. Un nuevo calendario en blanco frente a nosotros. Después de esta pausa navideña, y de haber tenido la oportunidad de reflexionar sobre el año pasado, es el momento perfecto de hacer nuestra hoja de ruta para saber hacia dónde queremos que nos lleve este nuevo año. Es el momento de hacer nuestros propósitos de año nuevo.
Como humanos que somos, es difícil evitar el deseo innato de superación. Queremos erradicar nuestros propios fallos, mejorar como personas, enriquecer nuestras vivencias, y en general, vivir mejor. Un propósito de año nuevo es la formalización de ese deseo.
Pero es más que una simple intención: es un compromiso activo que tomas contigo mismo para iniciar y mantener un cambio positivo en tu vida. O, como mínimo, ¡durante los próximos 365 días!
El consejo de oro para estos propósitos es ponerlo por escrito. Este primer paso es fundamental para clarificar tu meta y responsabilizarte del compromiso, convierte una idea nebulosa en algo tangible. Piensa que es como firmar un contrato que mejora tu vida.
Aunque la lista es tan larga como número de personas hay en el mundo, hay ciertos objetivos que año tras año se repiten en las listas de propósitos. Aquí te dejamos los más populares. ¿Está entre estos el tuyo?
Entre el trabajo, los estudios, las tareas del hogar, y en general el estrés diario, pareciera que nuestro tiempo libre se pasa en un parpadeo, y no tenemos un momento para dedicarle a nadie más. Si echas de menos las fiestas improvisadas de amigos, o la sobremesa infinita de los fines de semana con tu familia, no te rindas a que estas relaciones caigan en el descuido. La prisa cotidiana puede ser una ladrona silenciosa que te quita las ganas de gestionar un plan de encuentro, y en su lugar es más fácil elegir el refugio fácil de tele y manta en el sofá.
Recuerda: los humanos no estamos hechos para estar solos. Somos seres sociales, y la conexión con otros es el motor que nos impulsa. Si sientes que te has estado olvidando de las personas de tu entorno, considera hacer un esfuerzo consciente y reconectar con ellas. Agenda esa llamada, propón tú esa cena, o simplemente manda un mensaje que diga “hoy he pensado en ti”. Pasar tiempo de calidad con quienes queremos nunca sobra.
¿ Sabías que las suscripciones a gimnasios se disparan en enero? Y, tristemente, ¡vuelven a caer en picado en marzo! Es un error muy común querer pasar de cero a cien, de inactividad total a intentar llevar una vida de ejercicio intensa.
Para que no seas de esos que se rinde a los pocos meses de empezar el año, debes comprometerte a un objetivo que sea realista y sostenible en el tiempo. Puede que una suscripción anual al gimnasio no te salga rentable, pero puedes proponerte hacer caminatas por tu barrio, apuntarte a un deporte que disfrutes (como la natación, o el baile), o incluso hacer pilates con un vídeo de internet en casa. La clave está en la consistencia, no en la intensidad.
Sea metiendo más vitaminas a tu dieta, reducir la carne, o decirle adiós a las comidas azucaradas, esta resolución viene con tantas variables como personas se la proponen.
Antes de lanzarte de cabeza a la última dieta de moda, te invitamos a reflexionar detenidamente. ¿Cuál es tu estilo de vida? ¿Tu objetivo real con respecto a tu cuerpo y salud? Es importante también consultar con un especialista antes de hacer cualquier cambio drástico en tus hábitos alimentarios.
Tanto si aspiras a un ascenso, quieres aprender una nueva habilidad, o conseguir un expediente académico impecable, esta meta va a tener un impacto muy claro en tu futuro.
Ya que el trabajo o los estudios van a requerir un esfuerzo diario igualmente, ¿Por qué no incorporarlo de forma más intencional como propósito de año nuevo”? Transforma el “tengo que” en un “quiero superarme”. Esto puede significar dedicarle una hora extra semanal a aprender una herramienta que te sea útil, crear un proyecto innovador, o hacerte un horario inquebrantable para organizar tu carga semanal.
Es fácil ponernos metas, lo difícil es mantenerlas, sobre todo cuando la motivación inicial se desvanece. Dicen que hacen falta tres días, tres semanas, y tres meses para establecer un nuevo hábito, y si no lo has mantenido tanto tiempo puede ser por varios motivos:
¿Cuántas veces nos ha pasado? Nos planteamos una meta imposible, no la cumplimos al 100%, nos frustramos, y abandonamos por completo. Sé honesto contigo mismo: ¿hasta dónde puedes realmente llegar? Si el año pasado te fue imposible correr una maratón, quizás este año el objetivo es terminar media. Lo importante es el progreso, no la perfección.
Recuerda: de gotas se hace el mar. Poco avance es mucho mejor que ningún avance.
Un sabio dijo una vez que no puedes proponerte hacer más de algo, sin antes decidir qué vas a hacer menos. Para formar un nuevo hábito hay que hacerle hueco.
Tus recursos son limitados: tiempo, energía, y dinero. Y actualmente los estás usando en algo. No puedes asumir que vas a conseguir algo más en tu vida sin dar algo a cambio ¿Quieres ir al gimnasio? Puede que tengas que renunciar a una hora semanal de ver la tele. ¿Quieres comer mejor? Vas a tener que dejar de pedir comida a casa si quieres tener el presupuesto para comprar ingredientes frescos.
Nuestro cerebro está programado para buscar recompensas a corto plazo, especialmente cuando estamos cansados o estresados. Aunque ponernos a estudiar un nuevo idioma nos encamina a un futuro mejor, nuestra mente puede centrarse solo en lo tediosa que va a ser la siguiente hora de estudio.
Para evitarlo, busca que el proceso sea agradable en sí mismo. Crea un ritual que te motive: ponte música tranquila de fondo, prepárate un té calentito, e intenta en la medida de lo posible que el cómo estés estudiando el idioma te sea interesante y entretenido. Un ratito de sufrimiento diario no se aguanta más de una semana, pero un rato de disfrute productivo lo podrás sostener todo el año mucho más fácilmente.
Si tu meta es simplemente “bajar de peso”, es menos probable que lo consigas que si lo concretas en un “bajar dos kilos en un año”. La clave está en que el objetivo sea específico, medible, alcanzable.
Define una fecha límite, ponle un número concreto a tu resolución de año nuevo, y estarás más cerca de conseguirlo.
Cuidado con crearte una ilusión de control. Sería absurdo que alguien se pusiera como propósito de año nuevo “que mi equipo de fútbol favorito gane la liga”, e igual de absurdas son las resoluciones como “voy a conseguir un trabajo”. No está 100% bajo tu control.
Céntrate en lo que sí está en tu mano. En lugar de “conseguir un trabajo”, proponte “mandar 10 currículos a la semana a distintas empresas”, por ejemplo. No sería justo que te desanimaras por no haber conseguido tu resolución, cuando tú hiciste todo lo posible y te esforzaste al máximo.
Conseguir todos tus propósitos puede ser una empresa poco realista si te has pasado de ambicioso. Pero no te preocupes, que hay formas de inyectar motivación y hacerte el año más llevadero:
Similarmente, puedes simplemente compartir tu resolución con alguien. Sea porque lo sepa tu hermana, o incluso si tu solución es publicarlo en redes sociales, la idea es que otra persona podría “juzgarte” si no la cumples. Muy honestamente, lo más probable es que no lo haga… ¡pero ese miedo puede ser un poderoso aliciente!
Las resoluciones de año nuevo son un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. Nos obligan a reflexionar sobre lo que realmente importa en nuestra vida, nos dan la oportunidad de desarrollarnos como persona, de enriquecer nuestras experiencias, y de aprender cosas nuevas.
Pero recuerda: un fallo no define todo tu avance. Si caes en la tentación, si no cumples el plan un día, o incluso una semana entera, no desfallezcas. Tómate el tiempo de recuperarte de esta caída metafórica, analiza qué falló… ¡y de vuelta al rodeo! No importa cuántas veces te caigas, sólo que te levantes una vez más de las que caíste.
Y, si uno de tus propósitos para este año es aprender un idioma, expandir tus horizontes culturales, o abrirte puertas académicas y laborales… ¡en nuestra academia te ayudamos a alcanzarlo! Juntos podemos hacer que tu resolución de año nuevo se convierta en una realidad.
¡Feliz año nuevo!
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